El conflicto Rusia-Ucrania, el otro frente en un pueblo del Caribe guatemalteco

El conflicto Rusia-Ucrania, el otro frente en un pueblo del Caribe guatemalteco

El conflicto Rusia-Ucrania, el otro frente en un pueblo del Caribe guatemalteco

La tensión entre la Federación Rusa y Ucrania tiene una larga data. La segunda formó parte de la Unión Soviética (URSS), pero tras la llegada de la Perestroika (1985), la caída del Muro de Berlín (1989) y la desintegración de la URSS (1991), logró cierta independencia.

Tres décadas después, la tentación de Occidente por sumar a Ucrania volvió a despertar. La intención del presidente Volodímir Zelenski de incorporarse a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) dieron al traste con los intereses militares y geoestratégicos de Vladimir Putin, el autócrata ruso. Con ese estira y encoje, Europa llegó a un nuevo escenario de guerra el 24 de febrero con los primeros ataques del ejército ruso a Ucrania.

Otro frente de este conflicto se vive desde 2017 en un territorio de 1.283 kilómetros cuadrados en Guatemala, en el municipio de El Estor, Izabal. A diferencia de las ciudades de Jarnov, Kiev, Donbás, Melitopol, Odesa, en Ucrania, en el municipio indígena Q’eqchi de El Estor, rusos y ucranianos mantienen una alianza por el control del territorio para las operaciones mineras de extracción de níquel. Esta es la otra batalla silenciosa a once mil kilómetros del actual frente de guerra.

Un día antes del primer disparo, Zelenski declaró un estado de emergencia en toda Ucrania y movilizó a miles de reservistas de 16 a 60 años; prácticamente llamó a todos los hombres a defender al país. En Guatemala, un grupo de ucranianos -todos operarios mineros- dentro de la Planta Procesadora de Níquel siguen sin responder al llamado de Zelenski. A los jefes rusos de esos ucranianos estacionados en Guatemala les preocupa quedarse sin operarios, por eso la transnacional rusa Solway y el presidente guatemalteco, Alejandro Giammattei, optaron por jugar a la “ayuda humanitaria internacional” y se encargaron de traer desde Ucrania a las familias de los operarios mineros que hacían falta.

“Estamos del lado de Ucrania. Todos los países tienen el derecho de vivir en paz y soberanamente, y elegir a sus representantes de manera democrática. Rechazamos lo que está haciendo Rusia. Hace cuatro días ordené el retiro del embajador de Guatemala en Rusia, porque no vamos a contemplar ningún ataque a la soberanía de ningún país, porque mañana nos lo podrían hacer a nosotros”, fueron las palabras de Giammattei el 25 de febrero. En Guatemala, sin embargo, hace todo lo contrario: las empresas mineras rusas detrás del níquel cuentan con todo su apoyo y funcionan, de hecho, como un Estado dentro del Estado en El Estor.

Los Q’eqchis y sus autoridades ancestrales, desde 2018, exigieron que el Estado de Guatemala detuviera las operaciones del proyecto minero Fénix e intentaron desde el 4 de octubre de 2021 paralizar de manera pacífica las operaciones de Solway y también lograr con esto que Mayaníquel, otra de las empresas rusas en el territorio, también lo hiciera. Los rusos lograron que el gobierno de Giammattei respondiera con violencia para dispersar la resistencia anti minera el 22 y 23 de octubre. Luego el presidente de Guatemala decretó un estado de sitio en El Estor que duró un mes y medio y le permitió a Solway respirar y mantener la operación minera.

Explicar el apoyo de las élites guatemaltecas a los rusos no es fácil. El sector empresarial guatemalteco se ha declarado tradicionalmente anticomunista, antisoviético y luego antirruso, desde 1954 y durante décadas. Parece que eso ha cambiado. Con los miles de millones que están ganando con la extracción de níquel y tierras raras de Guatemala, los empresarios se despojan de toda ideología. Negocio es negocio. Para ganarse el favor de Giammattei, los rusos, se supone, entregaron dinero envuelto en una alfombra e incluso, según un testigo, lo llevaron personalmente a la casa del presidente el 29 de abril de 2021. Este escándalo, retomado en su momento por la Fiscalía Especial Contra la Impunidad (FECI) y denunciado por varios medios de comunicación en el país, se nombró la trama rusa.

Por la guerra entre Rusia y Ucrania, desde marzo de 2022, los Estados Unidos y el Reino Unido aumentan las sanciones económicas y restricciones a empresarios, empresas y al Estado ruso. En el Caribe guatemalteco estas medidas aún no se aplican, Solway y Telf Ag continúan exportando miles de toneladas de mena de níquel y tierras raras a la planta procesadora Pobuzhsky en Ucrania y a otros lugares. Lo cierto es que ambas empresas, con la guerra, aumentaron sus ganancias: el níquel se disparó a los 100 mil dólares por tonelada, previo a la guerra se costeaba a 33.400 dólares la tonelada.

Con el níquel y las tierras raras que son sacadas de Guatemala se construye armamento militar. Tanto Rusia como Ucrania están utilizando en esta guerra el níquel que ilegalmente están extrayendo desde El Estor.

En este otro frente, la peor parte la están llevando los habitantes Maya Q’eqchi. Destrucción de las selvas y montañas, contaminación del aire, nacimientos de agua, ríos y del lago de Izabal, el más grande de Guatemala. Se les reprime, persigue, acusa penalmente y en el peor de los casos, se les asesina por oponerse al gigante minero ruso.

El mundo debe voltear la mirada a este otro frente, en donde el pueblo indígena Q’eqchi de El Estor libra una guerra en contra de rusos, ucranianos y el gobierno de Guatemala. Recientemente fueron revelados secretos que encubren estas operaciones ilegales de la mina rusa, revelaciones publicadas por Mining Secrets, una investigación de 65 periodistas, de 15 países y 20 medios del mundo.

 

Escrito por Josefa Martínez en exclusiva para maininfo.news